Black Friday: qué prepara un CIO de retail antes del día grande
El Black Friday es una fiesta para negocio y una noche de guardia para tecnología. Se vende mucho, se espera vender mucho, y eso está muy bien. Pero desde el lado de IT lo que hay es otra cosa: todos los sistemas funcionando muy por encima de aquello para lo que fueron dimensionados, y una ventana de pocas horas en la que no puedes fallar.
El primer problema: no puedes dimensionar para el peor día del año
Tener la casa preparada para el pico del Black Friday los otros trescientos sesenta y cuatro días no lo aguanta ningún presupuesto. Y aunque se quisiera, tampoco siempre se puede: hay límites físicos, plazos de aprovisionamiento y recursos que sencillamente no se estiran.
El segundo, peor: no sabes cuánta demanda va a venir
En estas fechas se activa un comportamiento muy humano: el miedo a quedarse sin. El cliente sabe que el stock vuela, así que a la hora en punto se conecta a la vez que todos los demás. En comercio electrónico eso se traduce en picos de tráfico de veinte o treinta veces lo normal, concentrados en minutos.
Por qué esto no se arregla con caché
Es la parte que sorprende a quien mira desde fuera. La navegación sí se puede cachear. Pero comprar, no. Comprar es transaccional puro: escritura contra base de datos y stock que se reserva. Justo lo que más duele es lo que menos se puede aliviar por el camino fácil.
Y ni siquiera puedes calcular bien la concurrencia, porque depende de cómo se comporte la gente ese día: no es lo mismo que entren, compren y se vayan en dos minutos que se queden media hora navegando y comparando. Mismo número de clientes, carga completamente distinta.
En tienda física ocurre lo mismo a otra escala: cientos de tiendas transaccionando a la vez contra el sistema central, todas en las mismas horas punta. Cada pieza de la cadena tiene su límite, y ese día se acerca a él.
El coste real de una hora de caída
Todo esto ocurre el día en que una hora de caída cuesta lo que muchos días normales enteros. No es que sea un día complicado: es que el error tiene un precio desproporcionado.
Y no nos engañemos: ese día el cliente tiene el dinero en la mano y las ganas de gastarlo. Si entra en tu web y no puede comprar, no vuelve mañana. Se va a la de al lado. La venta no se aplaza, se pierde, y encima se la regalas a otro.
Qué se prepara y cuándo
Por eso el Black Friday no se prepara en noviembre. Se prepara con meses de antelación:
- Revisar el comportamiento del año anterior, con sus curvas reales de tráfico y de venta.
- Probar dónde revienta cada sistema antes de que reviente solo.
- Decidir con la cabeza fría qué se refuerza, qué se congela y qué se acepta como riesgo asumido.
- Y una regla que no falla: en las semanas previas no se toca nada que no sea imprescindible.
Si todo sale bien, nadie fuera de IT se acordará de que existíamos. Ese día, nuestro mejor resultado posible es que no haya nada que contar.
Joan Garcia Camba es CIO de retail internacional en Barcelona. Ingeniero y MBA, escribe sobre tecnología, gestión y equipos desde 2008. Su perfil profesional completo está en joan.si.




