El día que dejaron de contarme tonterías
Nadie me avisó de que eso venía con el cargo. Cuando pasas a dirigir un equipo, la información estratégica te llega mejor que nunca: los avances, los riesgos gordos, lo que va al comité. Para eso están los informes y las reuniones, y esa parte funciona.
Lo que se apaga, sin que nadie lo decida, es la otra capa: la del día a día. Qué le pasa a cada uno, la idea a medio cocer que no da ni para proponerla en serio, la pega a algo que dije yo y con la que no están de acuerdo, la broma que retrata cómo está el ambiente.
Todo eso circulaba con naturalidad cuando yo era un compañero más. Ahora circula igual, solo que ya no pasa por mí.
Y ojo, que no es un tema de confianza. Es el contexto: eres el jefe, y hay cosas que a un jefe, de salida, no se le cuentan.
La prueba la tengo cada vez que me llevo a alguien a un one to one tranquilo, sin agenda, y a los veinte minutos salen las cosas: lo que le preocupa, lo que haría distinto, lo que no me atrevió a decir en la reunión. La información existe y las ganas de contarla también. Lo que está cerrado es el canal por defecto.
El problema es que esa capa que parece menor es materia prima de mi trabajo. Para dirigir bien no me basta la información estratégica, necesito también la pequeña: es donde se ven los problemas cuando aún son baratos, las ideas cuando aún son moldeables, y cómo está de verdad la gente, que al final es lo que sostiene todo lo demás.
Ahora bien, he aprendido que ese canal no se reabre pidiéndolo. De nada sirve el «contadme lo que sea, mi puerta está abierta» si luego, cuando alguien se atreve, tu reacción lo desmiente.
La confianza para contarle tonterías al jefe se trabaja, y se trabaja en cada respuesta: cuando te traen una idea verde, apoyarla antes que auditarla; cuando te cuentan un problema pequeño, agradecer que llegue pronto en vez de preguntar de quién es la culpa; cuando te llevan la contraria, que se note que te gusta.
Cada reacción tuya decide si habrá una próxima vez.
El factor jefe no se puede eliminar, eso es así. Pero la fricción se puede reducir, y el oficio está justo ahí: en saber cuándo te toca actuar como jefe y cuándo te toca actuar como compañero. Confundir los dos momentos, en cualquiera de las dos direcciones, sale caro.
Las tonterías eran el canal. Y el canal era oro.
Joan Garcia Camba es CIO de retail internacional en Barcelona. Ingeniero y MBA, escribe sobre tecnología, gestión y equipos desde 2008. Su perfil profesional completo está en joan.si.




