Sala de reuniones de las oficinas de Equivalenza, con dos personas trabajando con portátiles y un rotafolio lleno de anotaciones.

Por qué la IA no está sustituyendo a los programadores

Cada semana aparece un titular nuevo sobre si la inteligencia artificial va a sustituir a los programadores. Después de veinticinco años viendo pasar tecnologías por el departamento de IT, mi impresión es que la pregunta está mal formulada. La IA no está sustituyendo a los programadores: está arreglando otra cosa que llevaba rota toda la vida, que es la conversación entre negocio e informática.

«No era exactamente esto»

La escena se repite desde que tengo memoria profesional. El usuario explica lo que necesita, IT lo interpreta, se desarrolla durante semanas y el día de la demostración llega la frase temida: no era exactamente esto.

No es que el desarrollo esté mal hecho. Es que existe un abismo enorme entre imaginar una aplicación y verla funcionando. De ese abismo salen las horas perdidas, los cambios de última hora, los presupuestos que se estiran y la fama de lentos que arrastramos los de sistemas.

El cambio no lo trajo IT: lo trajo negocio

Alguien de operaciones, con buen olfato para la tecnología, apareció un día con un prototipo funcional de una herramienta que necesitaba para su trabajo. No una idea ni un Excel con lo que le gustaría: la aplicación, navegable, montada por ella con una de estas herramientas que hoy permiten construir sin escribir una línea de código.

Le dedicó un par de semanas, a ratos, entre sus cosas. Nosotros cogimos aquello, sacamos la especificación y en dos días lo teníamos en producción, ya con el dato real, los permisos y las integraciones. Un desarrollo así, por la vía tradicional, habría sido un proyecto de cinco cifras y varios meses de ida y vuelta.

Lo interesante no es el ahorro: son los grises

Cuando construyes a partir de un prototipo, el asistente que escribe el código empieza a preguntar por los comportamientos que nadie definió: qué hacemos si este campo llega vacío, qué pasa si el usuario cancela a mitad, qué ocurre si el pedido ya estaba servido.

Son esos grises que toda la vida hemos descubierto tarde y caros, en producción y con prisa. Ahora las preguntas vuelven a negocio en horas y las responde quien de verdad sabe la respuesta. El requisito ha dejado de ser un documento que cada uno interpreta a su manera y se ha convertido en algo que se afina en cada vuelta.

La trampa: el prototipo no es el producto

Conviene decir la otra mitad. Cuando alguien monta su mockup en una tarde, cuesta explicarle que llevarlo a producción son semanas, porque lo que no se ve en la demostración es justo lo que da de comer a mi gremio: el dato real, la seguridad, los permisos, las integraciones con el ERP y que aquello no se caiga un sábado a las once de la noche.

Gestionar esa expectativa es ahora parte del oficio. Y no es un detalle menor: la distancia entre una demostración bonita y un sistema empresarial fiable es exactamente donde se pierden los proyectos.

Qué roles cambian dentro de IT

Sí, esto va a transformar puestos. No porque desaparezcan, sino porque pierde valor quien solo traducía requisitos entre negocio y tecnología, y lo gana quien sabe hacer las preguntas adecuadas, priorizar y convertir una buena idea en un buen producto.

La IA no elimina la necesidad de entender el negocio. Elimina la necesidad de adivinar lo que el negocio quería decir. Que no es poco.


Joan Garcia Camba es CIO de retail internacional en Barcelona. Ingeniero y MBA, escribe sobre tecnología, gestión y equipos desde 2008. Su perfil profesional completo está en joan.si.

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