El coste de lo que nadie intentó: el fracaso que no sale en ningún informe
Hay un tipo de fracaso empresarial que no aparece en ningún cuadro de mando, que nadie reporta al comité y del que no se aprende nada. No es el proyecto que salió mal ni el error que costó dinero: es todo lo que nadie llegó a intentar.
El fracaso que sí se ve y el que no
El proyecto que se torció, el pedido que se perdió, la incidencia que costó una mañana de ventas. Todos esos fracasos tienen algo bueno: se ven, se miden y se aprende de ellos. Alguien los cuenta, alguien los analiza y, con suerte, no vuelven a pasar.
El caro de verdad es el otro. Las mejoras que nadie propuso, las ideas que murieron antes de decirse en voz alta, la gente buena que un día dejó de sugerir cosas. La inacción es el único fracaso que no deja registro, y por eso nadie la gestiona.
De dónde sale la inacción
Casi siempre del mismo sitio: de castigar el error. Algo sale mal y cae la bronca, más grande o más pequeña, pero cae. Y la gente no es tonta. Si equivocarse sale caro, se deja de arriesgar.
Lo llamativo es que ese cambio no se anuncia en ninguna reunión. Simplemente, un día te das cuenta de que ya nadie te lleva la contraria, de que todo el mundo espera a que decidas tú, de que las reuniones son más rápidas y más cómodas que nunca. Parece paz. Es apagón.
Decisión pensada frente a decisión temeraria
Con los años me he hecho un criterio para esto, y no distingue entre acierto y error. Distingue entre decisión pensada y decisión temeraria.
Un fallo meditado, donde se sabía qué costaba si salía mal y el riesgo era proporcional al beneficio esperado, para mí es matrícula pagada: el aprendizaje más barato que existe, porque el precio ya está desembolsado. En cambio, un acierto de chiripa, sin criterio detrás, me preocupa bastante más, porque invita a repetir la jugada y la suerte no suele venir dos veces seguidas.
Por eso, cuando algo sale mal en mi equipo, intento hacerme dos preguntas antes de abrir la boca:
- ¿Estaba pensado? ¿Se valoró lo que podía salir mal antes de lanzarse?
- ¿Era proporcional? ¿El riesgo asumido guardaba relación con lo que había que ganar?
Si las dos respuestas son afirmativas, ahí no hay nada que castigar: hay algo que aprender. La exigencia me la guardo para la temeridad y para la desidia, que esas sí son gratis de evitar.
Lo que se juega una organización
Una empresa donde el error se paga caro no es una empresa prudente: es una empresa que ha dejado de intentar cosas y todavía no lo sabe, porque nada en sus informes se lo va a decir. Y el coste de esa prudencia aparente no lo verá nunca en una hoja de cálculo, sino en los años que tarda en moverse cuando el mercado se mueve.
Lo difícil se hace, lo imposible se intenta. Y a veces intentarlo sale mal. Sigue siendo mejor negocio que no intentar nada.
Joan Garcia Camba es CIO de retail internacional en Barcelona. Ingeniero y MBA, escribe sobre tecnología, gestión y equipos desde 2008. Su perfil profesional completo está en joan.si.




